MILAGRO COPA SUDAMERICANA: RIVER 4 – BOTAFOGO 2

Es psicológico, es casualidad, etc. son los argumentos mas comunes de no cristianos o no creyentes, pero es así precisamente como actúa Dios.

Sólo dos hombres comunes de un plantel tienen fe y piden un milagro y por esa causa lo reciben. No porque lo merezcan, sólo porque tienen fe y se lo piden a Dios en el nombre de Jesús.
Aquí están las 2 notas publicadas del Diario Olé.

Dos correcciones que le haría al periodista es que el milagro
no lo hizo Radamel y que es apegado a Dios, no a la religión 😉


Publicado por el diario OLE el 27 de Septiembre

Que Dios nos ayude

Passarella apuesta a una nueva pareja de ataque, la 8 de esta temporada, para seguir vivo en la Sudamericana. Los pibes, devotos fervientes de la iglesia Campeones de Cristo, intentan librar del mal al Millo. ¡¡Aleluya!!


Radamel y Andrés, en la puerta de la iglesia.
Radamel y Andrés, en la puerta de la iglesia.



La elección fue inconsciente, alentada por la necesidad. Incluso, a Passarella se le habrá pasado por alto el detalle. Pero con la dupla de ataque que eligió el Kaiser, esta noche River puede contar con ayuda divina, algo para nada despreciable en una situación límite como la que afronta el equipo ante Botafogo.

Porque el gol que tanto necesita River estará en manos de Radamel Falcao García y el pibe Andrés Ríos, fervientes creyentes y a la vez, predicadores de la palabra de Dios.

La devoción del colombiano por la religión viene de herencia familiar. Y apenas llegó a la pensión del club para sumarse a la Octava, se unió al Centro Cristiano Nueva Vida. Allí, en la iglesia ubicada en Cabrera al 4.600 de Palermo, todos los lunes a la noche se reúne una congregación llamada Campeones para Cristo. Falcao empezó a invitar a varios chicos de las Inferiores y uno de los pibes que se prendió, más adelante, fue Ríos.

Andrés había pasado momentos complicados en el inicio de su adolescencia en la villa del barrio Zabaleta. Para escapar a las tentaciones, que lo hicieron pensar incluso en dejar el fútbol, primero se acercó a la parroquia del barrio y luego a Campeones… «Mi fidelidad a Dios, aunque cuesta porque uno tiene que pelear muchas batallas, fue fundamental para llegar a este presente», contaba Ríos cuando daba sus primeros pasos en la Primera.

En la iglesia, ambos tienen un rol importante. Falcao es el que siempre cita las palabras de la Biblia justas para cada ocasión. Ríos también es habitual orador y uno de los preferidos de la congregación, por la manera tan pasional con la que se expresa. Pero no son los únicos del plantel que acuden a este centro cristiano. Augusto Fernández y Carrizo van en algunas oportunidades, como Villagra, Burzac y Sciorilli.

Obviamente, el Kaiser no armó el equipo teniendo en cuenta este dato. Con Rosales aún en plena recuperación de un desgarro, Alexis Sánchez a punto de operarse y Ruben con un molesto esguince de tobillo, el técnico optó por los dos puntas en mejor nivel físico y futbolístico. Si bien el colombiano anduvo mal ante Tigre, venía rindiendo antes de los amistosos que jugó con su selección. Hoy, Ríos está un escalón por encima del Roly Zárate, a quien Passarella mantiene relegado. Y además el pibe cumplió cuando fue titular contra Vélez: hizo el primer gol de 5-0. Otro juvenil que podía pelear por un lugar es Juan Antonio, aunque el técnico ni lo concentró: prefirió apostar por cuatro hombres bien de área (Falcao—Ríos en la cancha y Ruben—Zárate en el banco).

A los dos atacantes de esta noche también los une la genética futbolística. Son muy parecidos. Juegan de 9, les gusta tratar bien la pelota y hasta tirar algún lujo, tienen clase para definir y saben moverse de espaldas al arco. «Me gusta Van Nistelrooy, por la habilidad y la chispa en los pocos metros finales. Y de River trato de copiar los movimientos de Falcao y el Tecla Farías: de ellos aprendo cómo aguantar la pelota y buscar los espacios vacíos», reconoció Andrés hace un tiempo.

Hoy, estos dos compinches religiosos asumirán la gran responsabilidad de llevar a River a la próxima fase de la Sudamericana con sus goles: con un 2-0, River se clasifica. Pero si Botafogo convierte uno, necesitará ganar 3-1. No es un partido más ni por asomo, porque una derrota podría empezar a desencadenar el fin del ciclo Passarella. Se vivirá un clima tenso durante la noche, o al menos hasta que River logre sacar una diferencia tranquilizadora. Por eso, toda ayudita extra es bienvenida. Y no hay nada mejor que una dupla divina como la que integran Falcao—Ríos para recibir una bendición y alejar tantas maldiciones.

Que Dios los ayude…


Publicado por el diario OLE el 28 de Septiembre

Dios jugó para River
Radamel hizo el milagro: gracias a sus tres goles y a la ayuda del pibe Ríos, otro atleta cristiano, River eliminó al Botafogo en el descuento. ¡¡Aleluya, hermanos!!

Lágrimas. Sudor. Delirio. Emoción. Hazaña. Todas estas palabras recorren las vísceras de Radamel Falcao García Zárate, mientras sus manos señalan religiosamente el cielo.

Fuerza. Valor. Impetu. Furia. Estas otras, riegan el Monumental en la corrida hacia la nada del colombiano. En esa búsqueda de un saludo divino y de los abrazos de todos, de los que tienen fe en los milagros de arriba, de los ateos que anoche se transformaron en creyentes, de los que se quieren tirar desde la San Martín, de los que lloran, de los que se emocionan. Y de los que recordarán la noche de ayer simplemente con la singularidad de un nombre: Falcao.

Era el cuarto gol de la noche, o sea el de la clasificación, pero el héroe aún no estaba enterado. «Ya había perdido la cuenta, y preguntaba si teníamos que hacer un gol más. Pero al ver la fiesta, la emoción y la manera en que me siguieron en el festejo, me enteré de que sólo era momento para disfrutar», comentó, eufórico, cuando ya era plenamente consciente del significado de su obra.

Una obra que cambió el calvario por la épica. Que le dio respiro a Passarella. Que apagó la hoguera de un Monumental que estaba a un chispazo del «botafuego». Que empezó con una palomita certera tras un centro de Ferrari, a los 31 minutos del primer tiempo. Que siguió con un latigazo desde afuera del área para el 2-2, en un instante en el que muchos abandonaban el estadio y otros le daban a esta definición un carácter decorativo. Que culminó por los aires en su gran salto, siguiendo la trayectoria de un bochazo de Ortega y apuntalándose en la capacidad de este Tigre para mantenerse en el aire un segundo más que todos los defensores de Botafogo.

«Esto fue una fiesta», se alegró Radamel. «Nos dijimos que dependíamos de nosotros. Y dimos todo para lograr esta clasificación. Estoy feliz», siguió, exultante y verborrágico el colombiano que anoche fue Maradona y Pelé, que alegró a argentinos y deprimió a brasileños. Frases y elogios que quedaron resumidos en el saludo que Passarella le dio apenas rozó la gloria, porque, todos lo saben, sin los goles de Falcao el Kaiser estaría por estas horas cerca de cumplir con el vaticinio que leyó en su carta.

Hombre apegado a la religión, devoto lector de la Biblia, Radamel compartió tanta felicidad con su compañero de Iglesia y dupla en la delantera: Andrés Ríos. En las horas previas a la revancha, había estado orando, pidiéndole al altísimo del fútbol una sonrisa propia y ondas de paz para su equipo. El pedido, está claro, se encarnó en su cuerpo. Dios jugó para River. Y Falcao, tres goles, hizo el milagro. Aleluya.

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